noviembre 22, 2015

La importancia de la coherencia teórica a la hora de enseñar economía en secundaria

A la hora de enseñarse y aprenderse, la economía es una... ¿ciencia? -dice la teoría económica- que peca de ser excesivamente conceptual, poco práctica y para nada actitudinal. Y para las etapas preuniversitarias, especialmente la obligatoria, éste es un lastre que puede llevarla al fracaso como materia que puede extenderse también fuera de las universidades. Y eso no lo dice la teoría económica.

El profesorado que imparte economía en bachillerato y ha empezado a hacerlo en ESO -ya veremos durante cuanto tiempo- debe plantearse qué porcentaje de su labor docente se sustenta en la teoría económica y cuánto en la teoría pedagógica. Más que nada para poder evaluar la facilidad o la dificultad que con respecto a los contenidos económicos que van a trabajarse, se va a establecer entre él y su alumnado a la hora de dar clase. En definitiva, se trata de predecir el éxito o fracaso de su trabajo con un cierto grado de reflexión sobre lo que hacemos. Y no me cabe la menor duda de que al respecto, el éxito en la enseñanza de la economía reside en que ese equilibrio entre la teoría económica y teoría pedagógica, no sólo respecto a su porcentaje, sino también y muy especialmente respecto a la coherencia entre lo qué se quiere enseñar -la teoría económica- y el cómo se quiere enseñar -la teoría pedagógica-.

La teoría económica que hace posible que la economía sea como decía: conceptual, poco práctica y para nada crítica, necesita de una teoría pedagógica que sea coherente con esos contenidos que se quieren enseñar y se deben aprender. Y no creo que sea muy difícil atribuirle a esa teoría pedagógica todas las características propias de una "escuela tradicional". Por supuesto, y como no podría ser de otra manera, ésta es ajena a cualquier planteamiento curricular contemporáneo -moderno, o "nuevo" en terminología estríctamente pedagógica-.  

Con lo que no nos ha de extrañar la dificultad que tiene el alumnado no universitario para sentirse atraído hacia esa teoría económica.



La teoría pedagógica sin embargo no presenta tanta rigidez como la hace la teoría económica puesto que, si nos paramos a reflexionar por un instante, seguro que seremos capaces de pensar alrededor de distintas teorías a las cuales podríamos dirigirnos para llevar a cabo nuestra labor docente. Ahora bien, la teoría económica actual, no ofrece tantas alternativas como apuntaba, con lo que condiciona sin ningún tipo de dudas, la forma en que damos clases. Además hace incoherente cualquier planteamiento pedagógico que no sea el enfocado a trabajar esos contenidos excesivamente conceptuales.

Simplemente, no hace falta innovar para enseñarlos o aprenderlos.

Por tanto, el profesor de economía en secundaria debe ser consciente de que ha de replantearse la teoría económica que explica si la teoría pedagógica que defiende, o cree que es la mejor para llevar a cabo su trabajo, no se aproxima a ese discurso que en educación todos defendemos como correcto por voz de quienes creemos gurús de la educación, y que continuamente inundamos las redes sociales a través de post, imágenes y citas, para apuntarnos a él.

Y eso, en estos días de muy difícil. Pero no imposible. Simplemente, perdón SIMPLEMENTE, basta con reflexionar sobre ello, estudiar sobre ello, probarlo y comprobarlo.

 

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