LIPSEY, R. (1991): Introducción a la Economía Positiva. Vicens Vives. Barcelona. pág. XXIII
La TªEc, como hemos podido leer por
voz de este autor, es una disciplina compleja porque la descripción de la
realidad que analiza, la económica, se fundamenta en la importancia de la
secuenciación de sus contenidos para comprenderla. La cita explica
que para cualquier economista es imposible entender por ejemplo, el funcionamiento del
mercado sin entender previamente el funcionamiento de la oferta y la demanda, y
previamente el binomio escasez-elección o el concepto de coste de oportunidad.
Por mi parte, creo profunda y
sinceramente que la economía es un conjunto de ciencias apasionante porque analiza comportamientos relacionados con la vida misma que se
descubren en nuestro día a día, los cuales, por supuesto, nunca aparecen así: secuencialmente, sino todo lo contrario, globalmente.
Ello abre un abanico de posibilidades de estudio, de aprendizaje y sobretodo de
mejora de nuestras competencias económicas, infinita y no única. Y me reafirmo en que la economía es apasionante porque cuando se parte de la realidad, todas
esas posibilidades para aprender los contenidos económicos los resultados de su estudio aumentan siempre nuestra libertad puesto que mejoran siempre nuestras
competencias como personas económicas que somos, incluso cuando los resultados
de nuestras decisiones no sean los que hubiésemos querido.
Creo que existe una controversia cuando quien nos la explica, y por tanto, forma a los economistas y a algunos profesores de economía, es el profesor Lipsey y lo hace así: “paso a paso, de una manera
diferente a la historia o a la literatura”.
Sólo así se justifica el porqué hasta
que uno no llega a la Universidad es muy improbable que pueda aprender economía
y lo más paradójico, que no importe que comprendamos o no la infinidad de decisiones
económicas que tomamos a cada instante.
¿Y puede haber una alternativa a la de entender la formación en economía distinta a la positiva?, por supuesto que sí.
Permitidme que por un
instante os comente que hace unos meses, mientras releía el manual con el que
estudié el primer curso de carrera para preparar una clase, recordé un
fragmento de la película El Club de los Poetas Muertos[1]; concretamente
el momento en que el peculiar profesor Keating aparece en escena.
En su presentación
como el profesor substituto de literatura, Keating exige a sus alumnos del
estricto centro educativo donde imparte clases, que arranquen la introducción
de su manual Entender la Poesía que todos tenían encima de sus mesas
como la fuente del saber literario. Los alumnos, por supuesto todos varones,
atónitos ante esa petición, se ve como dudan, se retuercen sobre sus sillas, se
miran, hablan, dudan, dudan… hasta que el primero, el más osado, agarra esa
primera página del libro y la arranca cumpliendo la orden de su profesor como
no podría ser de otra manera. Así van cayendo progresivamente todas las
introducciones del lomo de los manuales de todos sus alumnos. ¿Por qué?, pensé.
Esta pregunta la contestaré en otra entreda del blog donde abordaré porqué esta interpretación de la economía es la que impide su llegada a las primeras etapas educativas.
El profesor Keating tiene claro que la literatura explicada por un profesor (incluso por él) no es la realidad sino un conjunto de saberes sobre un cuerpo de conociemiento. Pero para que entendamos y recordemos lo que decía en ese manual de literatura para justificar porqué actuó de esa manera tan…, pedagógica:
Para entender completamente la poesía, lo primero que tenemos que hacer es familiarizarnos con métrica, rima y modo de hablar. Luego hacernos unas preguntas. Uno: ¿Qué tan astutamente se ha dibujado el objetivo del poema? Y dos: ¿Qué tan importante es ese objetivo? La pregunta uno evalúa la perfección del poema. La pregunta dos evalúa su importancia. Y una vez que estas preguntas han sido respondidas determinar la grandeza del poema se convierte en un asusto relativamente simple. Si se traza el puntuaje de perfección del poema en la horizontal de un gráfico y su importancia se traza en la vertical, entonces calculando el área total del poema se obtiene la medida de su grandeza.
Un soneto de Byron podría puntuar alto en la vertical pero sólo regular en la horizontal. Un sonto shakespeariano, por el contrario, calificaría alto vertical y horizontalmente, rindiendo un área total masiva; y por consiguiente resultado ser el poema verdaderamente grandioso. Mientras procedan a través de la poesía en este libro, practique este método de calificación. Así como su habilidad para evaluar poemas en esta forma crece, también lo hará su placer y comprensión por la poesía”
Centrándome en la cuestión planteada, la de por qué es inútil intentar conocer la poesía o la economía tratando de controlar de sus variables como pretende la Economía Positiva en nuestro caso, defiendo, siguiendo las tesis de Amartya Sen, que poner un punto de mira sobre la realidad es dejar de lado, ∞-1 puntos de mira, realidades posibles todas ellas, igualmente válidas por ser susceptibles de poder ser escogidas. Y esta argumentación ningún economista me podrá negar que no es económica.
Además, no cabe la menor duda de que conocer, y por tanto también comprender y actuar “realmente”, supone siempre un ejercicio único, individual, y que éste, es fruto de un esfuerzo (argumentación ésta que ahora ningún docente me podrá negar tampoco que es pedagógica), que sólo tiene sentido, cuando es personal. Pero lo interesante es el “ejercicio” en sí.
Como el que
se atreve escribir unos poemas, la economía también ha de ser una “cosa” que
nos ha de pasar por nuestras vísceras para poder comprender el verdadero
mecanismo que nos impulsa al emprendimiento, la creatividad, la asunción de
riesgos, decisiones, y llevar a cabo (por ejemplo) las funciones
de planificación, organización, gestión, control.
Así que:
-
Un excremento. Un excremento.
La economía explicada
en manuales como el de Lipsey se inventan una ficción para justificar una
“cosa” que no se puede justificar, y mucho menos, a través de argumentaciones
como las que ofrece la TªEc. Huelga decir por supuesto que, para mí, lo mejor
que les puede pasar a los fragmentos como los que he reproducido de Lipsey, es
que sean pasto de las llamas en una chimenea una fría tarde de invierno como la
de hoy[2].
[1]
Dead Poets Society (1989).
Director: Peter Weir. Producción: Touchstone Pictures. En el siguiente enlace
visitado en febrero de 2014 pueden ver el fragmento al que hago referencia:
[http://www.youtube.com/watch?v=9OvyOE9MPnk].
[2] Lástima que sea en el
fondo un cobarde.
