mayo 28, 2015

La profesión del profesorado de economía



No cabe la menor duda de que últimamente, entre todas las especialidades de secundaria, la de economía está en el ojo del huracán tanto de la opinión pública como de la comunidad docente, básicamente por dos razones. La primera, a raíz de su irrupción en la secundaria obligatoria como materia optativa; y la segunda, a consecuencia del peso que determinadas experiencias educativas impulsadas desde la educación no formal, entre las que destaca el programa que conjuntamente impulsan el Banco de España y la CNMV Finanzas para todos, tienen a la hora de configurar una opinión de lo que han de ser la educación financiera o emprendedora.   
La controversia está servida desde el momento en que esta especialidad ha de hacerse un hueco dentro de la educación obligatoria y ganarse a toda la comunidad educativa, cuando a día de hoy la economía es más conocida por sus perversiones que no por sus bondades. Y además, es indudable que el pulso entre esas propuestas que provienen de instituciones no formales de la banca, e incluso de corporaciones empresariales, y las del profesorado en sus centros educativos por definir qué es educación económica, está claramente descompensado por razones obvias que no viene al caso enumerar ahora para no aburrir, pero que no hay que obviarlas y tener muy en cuenta.   
Así que el reto para quien se dedica la enseñanza de la economía es la conocer cual es su profesión, e irremediablemente, a descubrir la existencia de una contradicción inherente entre su labor docente y su propia consideración como profesional como a continuación brevemente explicaré.
Jean Paul Sartre en una entrevista realizada en 1967 exponía, magistralmente (como siempre), que un trabajo “intelectual” como el que se le presupone a cualquier profesor europeo (y que por tanto no está al servicio ni del Estado ni de ningún partido –como sí anunciaba él que les sucede a los intelectuales del “Tercer Mundo”-), surge cunado el profesor descubre para qué se le ha “reclutado” - groupe de techniciens du savoir pratique -. Esa revelación, en una Europa contradictoria cuanto a su pensamiento y sus actuaciones -Humanismo vs Capitalismo- necesariamente ha de llevar a cualquier profesor, medico, ingeniero, científico, escritor, abogado… a una contradicción: “una contradicción entre la leyes universales y científicas de su trabajo y las leyes de la estructura económica en la que desarrolla su trabajo”. Veamos:   

Digamos por ejemplo que el científico, que necesariamente tiene una relación con lo universal ya que lo que busca son esas leyes, siente que su propio trabajo lo conduce a una idea de universalidad que es contraria a la universalidad perseguida por la burguesía y en consecuencia, a la naturaleza de su propia constitución como persona al haber sido formado por ella misma. Es entonces cuando se convierte en un intelectual. Así, un científico nuclear no es un intelectual si en la medida en que hace sus investigaciones no se da cuenta de que su trabajo puede posibilitar la guerra atómica, y sólo en el momento en que denuncia esa posibilidad es porque lo siente como una contradicción.

Guardando las lógicas distancias, la profesión del profesor de economía ha de surgir cuando éste haga un ejercicio de introspección para revelarse por qué es profesor de economía y no ejerce cualquier otra profesión.

A continuación, definir cuáles son esas leyes universales que todo profesor fomenta a través de su labor, y posteriormente cuales son las que fomenta la estructura económica, política y social en la que lleva su labor para, si lo siento, descubrir la existencia de una contradicción.
No cabe la menor duda de que se podría hablar largo y tendido al respecto de la profesión del profesor de economía a día de hoy pero, intentando objetivar al máximo mis argumentaciones - con las limitaciones que ello conlleva - pero con el intento de mostrar una imagen en la que el máximo de quienes lean estas lineas estén de acuerdo para enmarcar el debate que sugiero, ahí van un par de consideraciones:
A diferencia de otras especialidades del magisterio, y ni que decir tiene de otras labores técnicas del saber, el profesor de economía ha accedido a su profesión dentro de un contexto laboral en la que el saber conceptual (la economía) siempre ha primado sobre el saber propiamente técnico del trabajo que lleva a cabo (profesor).
A colación, las leyes universales que rigen su trabajo -la de profesor- están sesgadas hacia una conceptualización de la educación NO moderna pues se tienden a priorizar "los saberes" que no quienes son "los destinatarios" de los mismos. Las leyes universales de la profesión docente desde el s. XVIII, que convierten al profesor en un científico de la educación, no son las que mayoritariamente utiliazan los profesores a día de hoy.

Y finalmente, soy de la opinión que la mayor dificultad para un profesor a día de hoy, es, aunque suene contradictorio, llegar a esa contradicción que apuntaba anteriormente por las razones expuestas. Además le empuja tristemente a focalizar esa contradicción, no es su propia constitución como "sujeto" con capacidad de transformación de su entorno, sino como "objeto" del mismo sin más remedio que ajustarse al contexto diseñado por una economía totalmente contradictoria entre su discurso y su aplicación técnica.

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